A un año de la partida del Flaco Traverso: el fuego, las ruedas, las trompadas y la leyenda
Este 11 de mayo se cumplió un año de la muerte de Juan María Traverso. Parece mentira. Pasaron 365 días desde que el automovilismo argentino perdió a uno de sus ídolos eternos, pero su voz sigue retumbando en cada box, en cada taller, en cada curva donde alguien todavía se anima a ir de costado. Traverso no fue solo un campeón, fue un personaje sin filtros, sin medias tintas. Un corredor que, si hacía falta, ganaba con fuego bajo el asiento o con una rueda menos. Así, literal.
El Flaco disputó 235 carreras en el Turismo Carretera, con 46 victorias, 86 podios y seis títulos. Brilló también en el TC2000 con siete campeonatos y tres en el Top Race. Lo hizo al mando de autos que se volvieron parte del imaginario fierrero: el Ford Falcon violeta, la Renault Fuego en llamas en General Roca, el Torino naranja de sus comienzos o el Honda del TC2000 con el que peleaba cada centímetro de pista.
Cada coche fue un capítulo. El Falcon campeón de 1999, ese que parecía ir sobre rieles y al que Traverso dominaba como un violinista a su Stradivarius. O esa Fuego ardiendo, que en 1988 lo llevó a una de sus victorias más insólitas: el auto perdía aceite, se prendió fuego, y él no aflojó. “La carrera la ganaba igual”, decía. Y la ganó. Con fuego en los pies.
Traverso también fue un showman de la palabra. Un tipo frontal, sin pelos en la lengua. Como cuando recordó su debut en 1971: “No podía apretar el embrague de los nervios. Largaba último, con el auto temblando... Pero cuando largabas, todo se borraba”. O cuando se agarraba a gritos con Jorge Pedersoli, su preparador estrella: “Discutíamos tanto que una vez entré tan sacado al box que me equivoqué y me metí en el de al lado. Pedersoli me miró y dijo: ‘Encima este animal se equivocó de box. No tengo suerte’”.
Y por supuesto, la inolvidable anécdota del robo, donde fue confundido por los ladrones con Cocho López. Cuando uno de ellos lo llama “Cocho”, Traverso explotó:—¿¡Qué me dijiste!?
—¿Vos no sos Cocho López?
—¡¿Vos estás en pedo?! ¡Yo soy Traverso!
—Bueno, perdoname…
—¡¿Perdoname no?! ¡Estás a nada de que te cague a trompadas!
La historia terminó con un remate 100% Traverso: “Llevate la camioneta, pero no me podés confundir con ese tipo”.
Aunque a la hora de las puteadas la más recordada fue la que le propinó a Gabriel Ponce de León en una carrera de TC en Río Cuarto en 2004. Fue en una de las series y en un marco dramático por la lluvia: el piloto de Junín lo tocó a Traverso, quien terminó chocando contra el muro de boxes. Su Torino quedó muy dañado y el Flaco estalló de furia y quedó claro en la nota que le hizo en vivo Andrés Perco en la transmisión de Carburando.
A pesar de su adiós físico, Traverso sigue estando. En el circuito de San Nicolás que lleva su nombre desde 2022, en las calcomanías con su cara, en los relatos que se cuentan en voz baja al borde de la pista. Y también en la nueva camada de pilotos. Porque el Flaco también cruzó generaciones.
Franco Colapinto, hoy piloto de F1, fue uno de los que más lo sintió. Apenas una semana después de su muerte, lo homenajeó en Imola al ganar su primera carrera de Fórmula 2. Llevó su nombre en el auto y escribió: “Por el Flaco este finde”. En conferencia de prensa, frente a Lewis Hamilton, lo nombró junto a Fangio y Reutemann como uno de sus ídolos. “Una vez ganó con un auto prendido fuego… otra, con tres ruedas. Crecí con toda su historia”, dijo el pibe que hoy representa a Argentina en lo más alto del automovilismo mundial.
Desde Zona Deportiva, honramos al hombre que llevaba sus "puchos" a todos lados.
Traverso no se fue. Sólo pasó a fondo.





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