Fernando “Pumita” Martínez retuvo el título supermosca AMB en Japón con una épica victoria sobre Kazuto Ioka
La victoria fue por decisión unánime: 117-110 (excesiva), 114-113 y 115-112, reflejando una contienda reñida en la que “Pumita” dominó buena parte del combate con presión constante, variantes de golpeo y un ritmo que puso a prueba al excampeón japonés. Ioka, con su experiencia y coraje, logró una doble conexión de izquierda que derribó al argentino en el décimo round, despertando viejos fantasmas de decisiones polémicas en tierras niponas. Pero esta vez no hubo lugar para el lamento: Martínez volvió al ataque, se impuso en el cruce final y convenció a los jueces con su entrega.
Con este triunfo, Martínez, de 33 años, suma 28 victorias (11 por KO) y 6 derrotas desde su debut profesional en 2010. Pero esta pelea va más allá de los números. Se trató de una actuación consagratoria que lo eleva en la historia del boxeo argentino, al punto de desplazar del podio al mítico triunfo de Horacio Accavallo sobre Takayama en 1966. Sólo quedan por encima las gestas de Pascual Pérez (1954) y Nicolino Locche (1968).
Martínez no llegó en su plenitud física. Aún resentido por una virosis que arrastraba desde fines del año pasado, mostró signos de fatiga inusuales. Pero el coraje, la convicción y el amor propio pudieron más. El gimnasio, teñido de celeste y blanco con banderas de La Boca y la selección, fue testigo de una nueva página dorada del boxeo nacional.
“Estoy feliz, hicimos una revancha tan buena como la primera. Ioka es un gran boxeador. Esta fue una guerra, y la gente lo agradeció”, declaró emocionado el campeón. Y fue más allá: “Ahora quiero una pelea con Jesse ‘Bam’ Rodríguez. Estoy preparado… ¡Viva Argentina, viva Japón y viva el boxeo!”.
Martínez sigue siendo el único campeón mundial que tiene hoy el boxeo argentino. Un guerrero que se reinventa cada vez que sube al ring y que, a pesar de los años, demuestra evolución, ambición y espíritu de campeón. La ilusión está viva. Y el sueño, más cerca que nunca.
La victoria fue por decisión unánime: 117-110 (excesiva), 114-113 y 115-112, reflejando una contienda reñida en la que “Pumita” dominó buena parte del combate con presión constante, variantes de golpeo y un ritmo que puso a prueba al excampeón japonés. Ioka, con su experiencia y coraje, logró una doble conexión de izquierda que derribó al argentino en el décimo round, despertando viejos fantasmas de decisiones polémicas en tierras niponas. Pero esta vez no hubo lugar para el lamento: Martínez volvió al ataque, se impuso en el cruce final y convenció a los jueces con su entrega.
Con este triunfo, Martínez, de 33 años, suma 28 victorias (11 por KO) y 6 derrotas desde su debut profesional en 2010. Pero esta pelea va más allá de los números. Se trató de una actuación consagratoria que lo eleva en la historia del boxeo argentino, al punto de desplazar del podio al mítico triunfo de Horacio Accavallo sobre Takayama en 1966. Sólo quedan por encima las gestas de Pascual Pérez (1954) y Nicolino Locche (1968).
Martínez no llegó en su plenitud física. Aún resentido por una virosis que arrastraba desde fines del año pasado, mostró signos de fatiga inusuales. Pero el coraje, la convicción y el amor propio pudieron más. El gimnasio, teñido de celeste y blanco con banderas de La Boca y la selección, fue testigo de una nueva página dorada del boxeo nacional.
“Estoy feliz, hicimos una revancha tan buena como la primera. Ioka es un gran boxeador. Esta fue una guerra, y la gente lo agradeció”, declaró emocionado el campeón. Y fue más allá: “Ahora quiero una pelea con Jesse ‘Bam’ Rodríguez. Estoy preparado… ¡Viva Argentina, viva Japón y viva el boxeo!”.
Martínez sigue siendo el único campeón mundial que tiene hoy el boxeo argentino. Un guerrero que se reinventa cada vez que sube al ring y que, a pesar de los años, demuestra evolución, ambición y espíritu de campeón. La ilusión está viva. Y el sueño, más cerca que nunca.
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